Con mi ciudad tengo la clásica relación de amor/no amor (el odio no existe en mi vocabulario). Cuando estaba lejos la echaba de menos aunque sabía que sería una sensación de muy poco tiempo. Cuando estaba a casa, tenía el gran deseo de alejarme. Nunca había pertenecido al provincialismo. El querer saber todo y de todo lo que se mueve, hablando tambien sin motivos, no estaba en mi naturaleza. Era un efecto por haber tenido unos padres muy reservados. Poco amigos para papá, tal vez menos para mama.
Yo, totalmente lo contrario me hacia amigos en cualquier lado. Con un carácter tranquilo pero rebelde, muy tímido, me cerraba en el deporte. Solo chicos, con los cuales
nunca tuve problemas para relacionarme. Siempre he tenido una teoría sobre mi conducta. Los universos masculino/femenino nunca se cruzan. Ellas, en su aversión a cualquier apariencia de simplicidad racional, desfrutan al crear problemas cuando no existen. Nosotros, superficiales hasta lo inverosímil, pero muy racionales y capaces de tomar decisiones importantes, cuando es necesario (indispensable, porque decidir antes cuando se puede hacer al último momento?).
Mantua, decía. Un lugar muy atractivo, sobre todo cuando hay niebla de noche durante el invierno. Destellos repentinos e inesperados de la luz para romper esa sensación de eternidad acolchada, trayendo almas errantes en la realidad de una ciudad de provincia. Conozco mucha gente pegadas y atracada a esta condición. Yo no. Mi casa lo demuestra, nada de convencional.
A lo largo de mis innumerables viajes, mi gran diversión fue lo de buscar objetos para recordarme la vacación desfrutada. Soy minimalista, no llegaba a llenar mi casa de objetos inútiles.
La casa un medio para sentirse vivos, para establecer que aún queda espacio para otro viaje. Una casa terminada seria el sinónimo de perfección, pero también sinónimo de inutilidad para otros descubrimientos.
Lo que siempre me ha atado a mi ciudad son dos colores: el blanco y el rojo. Los colores del equipo de mi ciudad y de mi corazón. He vivido con el estadio Danilo Martelli, futbolista mantuano del gran Turín desaparecido en la tragedia de Superga, por lo menos diez años de mi vida futbolística sin gloria, y una vida sobre las gradas.
Toda la hilera de los juveniles, desde muy joven a la cantera. Luego, dos años en primer equipo, que en la época estaba en serie C, única. No existían la C1 y C2.
Qué casualidad, lo mismo de ahora, giros y vueltas de la vida. Tal vez sinónimo de la situación socio/política de la época y de ahora. Dejamos al margen los temas económicos,
para evitar lagrimas…. Con dieciséis años tuve la posibilidad de entrar en el Milán. No acepte, no por mi afición azul negro, sino por no estar listo para una vida hecha de futbol y estudios.
Todavía creo haber tomado la decisión correcta, jugaba para divertirme no por una cuestión económica. A mi época no eran tan exagerados como ahora. Pasar del campo a las gradas fue natural, como pasar de la pubertad a la adolescencia.
Cuando te das cuenta que sucedió, ya es tarde para volver atrás. He seguido los blancorojos en cada estadio y categoría, da S. Lucia del Piave a Turin, da Leffe a Brescia, muchas veces combinando futbol y gastronomía. Nunca he sido un ultras, pero siempre grite a los goals de los chicos. Desde que tengo la enfermedad, empecé a frecuentar menos las salidas, me cansaba mucho, pero mi scooter me llevaba aun al Martelli, hasta que un tremendo día mis piernas ya no querrían subir más la escalera del estadio.
Oficialmente ero un enfermo grave. Una vez llegue al estadio en silla de rueda, pero no me gusto. Intente organizar el partido Mantua – Spal, decisivo para este año. Todo organizado.
Lastima el tiempo, empezó a granizar y a llover fuerte la noche antes, sin parar hasta una hora antes del partido. Justo cuando rechace el auto especial que me tenía que llevar al estadio, empezó a salir el sol.
A este punto esperaba en un reenvío, esperando de asistir al partido el día siguiente. La foto de Andrea, mientras recuperaba los billetes, era la confirma de mi esperanza.
No había tenido en cuenta el viento, que además de empujar las nubes había secado el campo por lo tanto el partido se disputo (pero no me esperaron que maleducados) y el Mantua
gano al minuto 88. Pasaron? Para nada.
Todos esperaban el resultado de la Torres, que nos tenían que recibir por le partido siguiente, ultimo de la liga.
La Torres perdió, pero el Forlì, que nadie había tenido en cuenta como equipo peligroso, marco al minuto 94, obligándonos a empatar con el Sassari. En época normales, sin enfermedad, el domingo mismo habría comprado los billetes de avión para mi y para Aiste, fin de semana en Sardenya, preguntando a Andrea información, pero no fue posible.
La enfermedad ha cambiado completamente mi vida. Thanks Go there is Omino.
Omino es el comentarista de los partidos del Mantua desde siempre en mi memorias.
Omino su apodo cuando jugábamos en el mismo equipo cuando entre al final de mi carrera, con dolor acepte la condena de escuchar por radio el partido mas importante de la temporada. Después de un cuarto de hora, la Torres marco, pensé que se estuviese en el estadio nunca hubiese dejado de animar a los chicos. Y así fue.
Metafóricamente hablando, se entiende, ya que estaba con una traqueotomía no podía emitir ningún sonido.
El empate ocurrió 3 minutos después. 3 minutos larguísimos. Lo poco que sucedió hasta el minuto 90, no es digno de ser mencionado. Estábamos en la serie C única!
Me imaginaba una fiesta blancoroja, con trompetas, banderas que volaban, plaza Cavallotti llena de gente de todas las edades, razas, sexo, porque la pasión deportiva no tiene barreras... como la enfermedad lamentablemente.
Todos iguales bajo la misma égida.
P.S. para quien estuviese interesado de leer mas anécdotas de mi existencia, aquí va el link de mi blog: marcosguaitzer.blogspot.it
Además, en breve, será publicado un libro con todos los escritos de mi blog, con los comentarios de cada uno de ellos,
giovedì 22 maggio 2014
Mantova.
I have with my town the classic love/not love relationship (“hate” doesn’t exist in my dictionary). When I was away I missed it, but I knew that it was a transient feeling. When I was home, I felt sick with the desire to flee it.
Provincialism didn’t suit me. I’ve never been one wanting to know everything about everybody, to gossip and to talk badly without reason. It was a consequence of having very reserved parents. A few friends for Dad, even less for Mom.
I was the opposite, making friends everywhere. Mild but rebel character, unbelievably shy (the perfect testimonial for the expression “any chance you don’t take is lost forever”).
I took refuge in sports. Only guys, whom I found easier to relate to.
I’ve always had a theory on my behavior. Male/female universes never cross. Masochistic women, being loath to every rational simplicity, like to create problems where there aren’t any. We guys are so superficial, but when necessary we make rational decisions (but at the very last moment. Why do it beforehand, after all?)
But let’s go back to Mantova. A fascinating place, mostly in wintery, foggy nights. Sudden, quick lights breaking through that muffled eternity, bringing wandering souls back to the reality of an overprovincial town.
Not me, though. My home proves it. During my many travels I loved to look for objects to bring home to remind me of those holidays. Being a minimalist I didn’t like to fill my house with a lot of common souvenirs. Home is a place to feel alive, and has to be left empty enough for the next trip.
A full, complete home would have meant perfection but also the futility of other discoveries. A sort of personal Heraclitean "panta rei", everything flowing, reinterpreted by me.
What has always tied me to my town are two colors: red and white. “Bianc e rus”, as we say in Mantova. The colors of my team and of my heart.
I’ve spent at least 10 years of my inglorious soccer career at the stadium named after Danilo Martelli, player from Mantova, playing with the great Turin team, who died in the tragedy of Superga, and then another lifetime watching the matches from the bleachers. All the different minor leagues, then with “THE” team, playing in C league. There weren’t C1 and C2 back then. Just a unique C league. Like now. Life’s ebbs and flows. Or, maybe, a synonym for the actual and the past socio-political situation. But let’s forget economic references, to avoid easy tears…
At 16 I had the possibility to be bought by Milan. I refused, not for love of the other team from Milan, the black and blue one, but because I didn’t feel ready for a life made only of school and soccer. I still think it was the right decision. I played for fun, not for money. A lot less money than today, by the way.
Moving from the field to the bleachers was easy like the passage from puberty to adolescence. When you realize it happened, it’s too late to go back. I’ve followed my team in every stadium and league, from S. Lucia del Piave to Comunale in Turin, from Leffe to Brescia, often coupling soccer with gastronomy. I’ve never been a hooligan, but I’ve always screamed at our goals. Once I became sick I stopped going to matches in other cities, too tiring for me, but with my scooter I always went to the Martelli stadium until, one terrible day, my legs refused to go up the stairs on the bleachers. I was
officially very sick.
Once I went to a match with the wheelchair, but I didn’t like it. Repetita juvant, I tried to plan to do it again for Mantova - Spal, the most important match of the season. Everything was organized. Everything, save the weather. The night before the match it started to hail and rain a lot, and it continued non stop until one hour before the scheduled beginning. As soon as we canceled the special vehicle that was supposed to bring me there, a pale ray of sun appeared on Mantova. I was hoping the match would be postponed until the day after, and I planned on being there. A photo of the field, taken by Andrea while he went to get the tickets, seemed to confirm my hopes.
I hadn’t considered the wind that was pushing clouds away and drying the field. The match took place (being unbelievably rude, they didn’t wait for me) and Mantova won at the 88th minute. Did they get promoted to the upper league? Not yet. Everybody was waiting for the result of the Torres team, that would have hosted Mantova the following week for the last match of the season. Torres lost, but Forlì, that nobody had considered as a dangerous team, scored at the 94th minute, obliging us to tie the match with Torres, in Sardinia.
If I had been healthy I’d have bought the plane tickets to spend the weekend in Sardinia with Aiste, asking Andrea every possible information. Too bad ALS changed radically my existence. Thanks God there is Omino. Omino is Claudio, mythical sportscaster of Mantova’s soccer matches from time immemorial. Omino was the nickname from the time we played in the same amateur team at the end of my carreer.
I had to settle for following on the radio the most important match of the season. When, after the first fifteen minutes, Torres scored a goal, I thought that if I had been at the stadium I’d have kept on screaming my support to our guys. And so I did, metaphorically speaking, because with the tracheotomy I can’t emit a sound. Three minutes later we also scored, but those three minutes lasted an eternity. The few events from there to the end are not even worth mentioning. We were in C league!!! I imagined the cars parading, with red and white, horns screaming, huge flying flags, piazza Cavallotti full of people of every age, race, sex, because passion for sports has no limits. Like the disease, unfortunately. All equal.
p.s. for those interested to read more stories about me, please go to my blog marcosguaitzer.blogspot.it . Soon a book will be published with all the posts of the blogs, other people’s remarks and new material.
Provincialism didn’t suit me. I’ve never been one wanting to know everything about everybody, to gossip and to talk badly without reason. It was a consequence of having very reserved parents. A few friends for Dad, even less for Mom.
I was the opposite, making friends everywhere. Mild but rebel character, unbelievably shy (the perfect testimonial for the expression “any chance you don’t take is lost forever”).
I took refuge in sports. Only guys, whom I found easier to relate to.
I’ve always had a theory on my behavior. Male/female universes never cross. Masochistic women, being loath to every rational simplicity, like to create problems where there aren’t any. We guys are so superficial, but when necessary we make rational decisions (but at the very last moment. Why do it beforehand, after all?)
But let’s go back to Mantova. A fascinating place, mostly in wintery, foggy nights. Sudden, quick lights breaking through that muffled eternity, bringing wandering souls back to the reality of an overprovincial town.
Not me, though. My home proves it. During my many travels I loved to look for objects to bring home to remind me of those holidays. Being a minimalist I didn’t like to fill my house with a lot of common souvenirs. Home is a place to feel alive, and has to be left empty enough for the next trip.
A full, complete home would have meant perfection but also the futility of other discoveries. A sort of personal Heraclitean "panta rei", everything flowing, reinterpreted by me.
What has always tied me to my town are two colors: red and white. “Bianc e rus”, as we say in Mantova. The colors of my team and of my heart.
I’ve spent at least 10 years of my inglorious soccer career at the stadium named after Danilo Martelli, player from Mantova, playing with the great Turin team, who died in the tragedy of Superga, and then another lifetime watching the matches from the bleachers. All the different minor leagues, then with “THE” team, playing in C league. There weren’t C1 and C2 back then. Just a unique C league. Like now. Life’s ebbs and flows. Or, maybe, a synonym for the actual and the past socio-political situation. But let’s forget economic references, to avoid easy tears…
At 16 I had the possibility to be bought by Milan. I refused, not for love of the other team from Milan, the black and blue one, but because I didn’t feel ready for a life made only of school and soccer. I still think it was the right decision. I played for fun, not for money. A lot less money than today, by the way.
Moving from the field to the bleachers was easy like the passage from puberty to adolescence. When you realize it happened, it’s too late to go back. I’ve followed my team in every stadium and league, from S. Lucia del Piave to Comunale in Turin, from Leffe to Brescia, often coupling soccer with gastronomy. I’ve never been a hooligan, but I’ve always screamed at our goals. Once I became sick I stopped going to matches in other cities, too tiring for me, but with my scooter I always went to the Martelli stadium until, one terrible day, my legs refused to go up the stairs on the bleachers. I was
officially very sick.
Once I went to a match with the wheelchair, but I didn’t like it. Repetita juvant, I tried to plan to do it again for Mantova - Spal, the most important match of the season. Everything was organized. Everything, save the weather. The night before the match it started to hail and rain a lot, and it continued non stop until one hour before the scheduled beginning. As soon as we canceled the special vehicle that was supposed to bring me there, a pale ray of sun appeared on Mantova. I was hoping the match would be postponed until the day after, and I planned on being there. A photo of the field, taken by Andrea while he went to get the tickets, seemed to confirm my hopes.
I hadn’t considered the wind that was pushing clouds away and drying the field. The match took place (being unbelievably rude, they didn’t wait for me) and Mantova won at the 88th minute. Did they get promoted to the upper league? Not yet. Everybody was waiting for the result of the Torres team, that would have hosted Mantova the following week for the last match of the season. Torres lost, but Forlì, that nobody had considered as a dangerous team, scored at the 94th minute, obliging us to tie the match with Torres, in Sardinia.
If I had been healthy I’d have bought the plane tickets to spend the weekend in Sardinia with Aiste, asking Andrea every possible information. Too bad ALS changed radically my existence. Thanks God there is Omino. Omino is Claudio, mythical sportscaster of Mantova’s soccer matches from time immemorial. Omino was the nickname from the time we played in the same amateur team at the end of my carreer.
I had to settle for following on the radio the most important match of the season. When, after the first fifteen minutes, Torres scored a goal, I thought that if I had been at the stadium I’d have kept on screaming my support to our guys. And so I did, metaphorically speaking, because with the tracheotomy I can’t emit a sound. Three minutes later we also scored, but those three minutes lasted an eternity. The few events from there to the end are not even worth mentioning. We were in C league!!! I imagined the cars parading, with red and white, horns screaming, huge flying flags, piazza Cavallotti full of people of every age, race, sex, because passion for sports has no limits. Like the disease, unfortunately. All equal.
p.s. for those interested to read more stories about me, please go to my blog marcosguaitzer.blogspot.it . Soon a book will be published with all the posts of the blogs, other people’s remarks and new material.
Mantova.
Mantova.
con la mia città ho il classico rapporto amore\non amore. (odio non esiste, nel mio vocabolario). quando ero lontano, mi mancava. seppur fossi conscio che sarebbe comunque stata una sensazione di breve durata. quando ero a casa, morivo dal desiderio di allontanarmi.
il provincialismo non mi era mai appartenuto. il voler sapere tutto di tutto ciò che si muove, sparlando anche senza motivo, non era nella mia indole. era un effetto derivante da genitori estremamente riservati. pochi amici per papà, mamma forse meno.
io, bastian contrario. mi facevo amici ovunque. carattere mite ma ribelle, timido all inverosimile (ero indiscusso testimonial del motto "ogni lasciata è persa").
mi rifugiavo nello sport. solo ometti, con i quali legare mai fu problematico.
ho sempre avuto una teoria sul mio comportamento. gli universi maschile\femminile non si intersecano mai. loro, nella loro avversione ad ogni parvenza di razionale semplicità, novelle mesdames Masoch si crogiolano nel creare problemi laddove non sussitono.
noi, superficiali all inverosimile, ma pure razionalmente capaci di saper prendere decisioni importanti, quando necessario (indispensabile, improcrastinabile, perchè decidere preventivamente, quando lo si può fare all ultimo istante ?).
Mantova, dicevo. luogo affascinante, soprattutto nelle nebbiose nottate invernali. improvvisi e inaspettati squarci di luce a rompere quella sensazione di eternità ovattata, riportando le anime vaganti alla realtà di una città straprovinciale.
conosco persone (tante) attaccate ed attraccate a questa condizione.
io no. la mia casa lo dimostra. nulla di convenzionale.
durante i miei innumerevoli viaggi, uno dei divertimenti maggiori era quello di cercare oggetti che mi ricordassero la vacanza effettuata. essendo essenzialmente un minimalista, non mi prestavo a riempire la casa di inutili orpelli e cianfrusaglie. la casa come mezzo per sentirsi vivi, per stabilire che ci sarebbe stato ancora spazio per un ulteriore viaggio.
una casa terminata sarebbe diventata sinonimo di perfezione, ma pure di inutilità di ulteriori scoperte. una sorta di personalissimo "panta rei" Eracliteo, una visione del tutto scorre, da me elaborata e rivisitata.
ciò che mi ha sempre legato alla mia città sono due colori: il bianco e il rosso. o meglio, alla mantovana, al bianc e rus. i colori della squadra della mia città. e del mio cuore.
ho convissuto con lo stadio Danilo Martelli, calciatore mantovano del grande Torino scomparso nella tragedia di Superga, almeno dieci anni della mia ingloriosa vita calcistica, e una vita sugli spalti. tutta la trafila delle giovanili, dai giovanissimi alla primavera. poi, due anni con la prima squadra, che allora militava in serie C. unica. allora non esistevano C1 e C2. guarda caso, come ora. corsi e ricorsi della vita. o, forse, sinonimo della situazione socio\politica di allora ed oggi. ma escludiamo riferimenti economici, onde evitare lacrime facili...
a sedici anni ebbi la possibilità di essere acquistato dal Milan. rifiutai, non per la fede neroazzurra, ma per non sentirmi pronto per una vita fatta di solo calcio e studio. credo tuttora sia stata la decisione corretta. giocavo per divertirmi, non per soldi. che allora non erano certo esagerati come oggi.
il passaggio dal campo agli spalti fu naturale, come quello dalla pubertà all adolescenza. quando ti accorgi che è avvenuto, è ormai tardi per tornare indietro. ho seguito i biancorossi in ogni stadio e categoria, da S. Lucia del Piave al Comunale di Torino, da Leffe a Brescia, spesso abbinando calcio e gastronomia. mai stato un ultrà, ma sempre urlato ai goals dei ragazzi. una volta colpito dalla malattia, ho iniziato a frequentare meno le trasferte, che mi stancavano eccessivamente, ma il mio scooter mi teletrasportava ancora al Martelli, finchè, un tremendo giorno, le gambe non vollero saperne di fare le scale per la tribuna. ero ufficialmente un malato grave.
una volta, andai allo stadio in carrozzella, ma non mi piacque. repetita juvant, provai ad organizzare per la partita Mantova - Spal, decisiva per quest anno. tutto organizzato. tranne il tempo. cominciò a grandinare e piovere a catinelle la sera precedente, ininterrottamente fino ad un oretta prima del match. non appena disdimmo la auto speciale che avrebbe dovuto accompagnarmi allo stadio, un pallido raggio di sole fece capolino su Mantova. a quel punto, speravo in un rinvio, confidando di assistere alla partita il giorno seguente. la foto del campo di gioco, scattata da Andrea, mentre mi recuperava i biglietti, non faceva che confermare la mia egoistica speranza.
non avevo fatto i conti con il vento che, oltre a spingere le nubi lontano, stava pure asciugando il campo di gioco. la partita si disputò (non mi aspettarono, che maleducati), ed il Mantova vinse all 88esimo. promossi ? manco per idea. tutti aspettavano il risultato della Torres, che ci avrebbe ospitato la partita seguente, ultima di campionato. la Torres perse, ma il Forlì, che nessuno aveva calcolato come squadra pericolosa, segnò al 94esimo, costringendoci ad almeno pareggiare in quel di Sassari.
in tempi normali, di non malattia, la domenica sera stessa avrei acquistato i biglietti aerei per me ed Aiste, weekend in Sardegna, chiedendo ad Andrea ogni info possibile. e invece no. la sla ha cambiato radicalmente la mia esistenza. thanks God there is Omino. Omino è Claudio, mitico commentatore delle partite del Mantova da tempo immemore. Omino, in quanto era il suo soprannome quando giocavamo nella stessa squadra amatoriale in cui mi dilettai a fine carriera.
a malincuore accettai la condanna di ascoltare per radio la partita più importante della stagione. quando, dopo un quarto d ora, la Torres segnò, pensai che se fossi stato allo stadio non avrei smesso di incitare i ragazzi. e così feci, metaforicamente parlando, s intende, in quanto un tracheostomizzato non si può permettere il benchè minimo suono. il pareggio avvenne tre minuti dopo, ma furono tre eternità. quel poco che successe sino al novantesimo, non è neppure degno di essere menzionato. eravamo in C unica ! mi immaginavo i cortei biancorossi, le trombette da barca, i bandieroni svolazzanti, piazza Cavallotti gremita di gente di ogni età, razza, sesso, perchè la passione sportiva non conosce limiti di sorta... come la malattia, purtroppo. tutti uguali sotto la stessa egida.
p.s. per chi fosse interessato a leggere ulteriori aneddoti sulla mia esistenza, ecco il link del mio blog: marcosguaitzer.blogspot.it . inoltre, a breve, sarà pubblicato un libro contenente tutti i pezzi reperibili sul blog, commenti agli stessi, e pezzi assolutamente inediti.
con la mia città ho il classico rapporto amore\non amore. (odio non esiste, nel mio vocabolario). quando ero lontano, mi mancava. seppur fossi conscio che sarebbe comunque stata una sensazione di breve durata. quando ero a casa, morivo dal desiderio di allontanarmi.
il provincialismo non mi era mai appartenuto. il voler sapere tutto di tutto ciò che si muove, sparlando anche senza motivo, non era nella mia indole. era un effetto derivante da genitori estremamente riservati. pochi amici per papà, mamma forse meno.
io, bastian contrario. mi facevo amici ovunque. carattere mite ma ribelle, timido all inverosimile (ero indiscusso testimonial del motto "ogni lasciata è persa").
mi rifugiavo nello sport. solo ometti, con i quali legare mai fu problematico.
ho sempre avuto una teoria sul mio comportamento. gli universi maschile\femminile non si intersecano mai. loro, nella loro avversione ad ogni parvenza di razionale semplicità, novelle mesdames Masoch si crogiolano nel creare problemi laddove non sussitono.
noi, superficiali all inverosimile, ma pure razionalmente capaci di saper prendere decisioni importanti, quando necessario (indispensabile, improcrastinabile, perchè decidere preventivamente, quando lo si può fare all ultimo istante ?).
Mantova, dicevo. luogo affascinante, soprattutto nelle nebbiose nottate invernali. improvvisi e inaspettati squarci di luce a rompere quella sensazione di eternità ovattata, riportando le anime vaganti alla realtà di una città straprovinciale.
conosco persone (tante) attaccate ed attraccate a questa condizione.
io no. la mia casa lo dimostra. nulla di convenzionale.
durante i miei innumerevoli viaggi, uno dei divertimenti maggiori era quello di cercare oggetti che mi ricordassero la vacanza effettuata. essendo essenzialmente un minimalista, non mi prestavo a riempire la casa di inutili orpelli e cianfrusaglie. la casa come mezzo per sentirsi vivi, per stabilire che ci sarebbe stato ancora spazio per un ulteriore viaggio.
una casa terminata sarebbe diventata sinonimo di perfezione, ma pure di inutilità di ulteriori scoperte. una sorta di personalissimo "panta rei" Eracliteo, una visione del tutto scorre, da me elaborata e rivisitata.
ciò che mi ha sempre legato alla mia città sono due colori: il bianco e il rosso. o meglio, alla mantovana, al bianc e rus. i colori della squadra della mia città. e del mio cuore.
ho convissuto con lo stadio Danilo Martelli, calciatore mantovano del grande Torino scomparso nella tragedia di Superga, almeno dieci anni della mia ingloriosa vita calcistica, e una vita sugli spalti. tutta la trafila delle giovanili, dai giovanissimi alla primavera. poi, due anni con la prima squadra, che allora militava in serie C. unica. allora non esistevano C1 e C2. guarda caso, come ora. corsi e ricorsi della vita. o, forse, sinonimo della situazione socio\politica di allora ed oggi. ma escludiamo riferimenti economici, onde evitare lacrime facili...
a sedici anni ebbi la possibilità di essere acquistato dal Milan. rifiutai, non per la fede neroazzurra, ma per non sentirmi pronto per una vita fatta di solo calcio e studio. credo tuttora sia stata la decisione corretta. giocavo per divertirmi, non per soldi. che allora non erano certo esagerati come oggi.
il passaggio dal campo agli spalti fu naturale, come quello dalla pubertà all adolescenza. quando ti accorgi che è avvenuto, è ormai tardi per tornare indietro. ho seguito i biancorossi in ogni stadio e categoria, da S. Lucia del Piave al Comunale di Torino, da Leffe a Brescia, spesso abbinando calcio e gastronomia. mai stato un ultrà, ma sempre urlato ai goals dei ragazzi. una volta colpito dalla malattia, ho iniziato a frequentare meno le trasferte, che mi stancavano eccessivamente, ma il mio scooter mi teletrasportava ancora al Martelli, finchè, un tremendo giorno, le gambe non vollero saperne di fare le scale per la tribuna. ero ufficialmente un malato grave.
una volta, andai allo stadio in carrozzella, ma non mi piacque. repetita juvant, provai ad organizzare per la partita Mantova - Spal, decisiva per quest anno. tutto organizzato. tranne il tempo. cominciò a grandinare e piovere a catinelle la sera precedente, ininterrottamente fino ad un oretta prima del match. non appena disdimmo la auto speciale che avrebbe dovuto accompagnarmi allo stadio, un pallido raggio di sole fece capolino su Mantova. a quel punto, speravo in un rinvio, confidando di assistere alla partita il giorno seguente. la foto del campo di gioco, scattata da Andrea, mentre mi recuperava i biglietti, non faceva che confermare la mia egoistica speranza.
non avevo fatto i conti con il vento che, oltre a spingere le nubi lontano, stava pure asciugando il campo di gioco. la partita si disputò (non mi aspettarono, che maleducati), ed il Mantova vinse all 88esimo. promossi ? manco per idea. tutti aspettavano il risultato della Torres, che ci avrebbe ospitato la partita seguente, ultima di campionato. la Torres perse, ma il Forlì, che nessuno aveva calcolato come squadra pericolosa, segnò al 94esimo, costringendoci ad almeno pareggiare in quel di Sassari.
in tempi normali, di non malattia, la domenica sera stessa avrei acquistato i biglietti aerei per me ed Aiste, weekend in Sardegna, chiedendo ad Andrea ogni info possibile. e invece no. la sla ha cambiato radicalmente la mia esistenza. thanks God there is Omino. Omino è Claudio, mitico commentatore delle partite del Mantova da tempo immemore. Omino, in quanto era il suo soprannome quando giocavamo nella stessa squadra amatoriale in cui mi dilettai a fine carriera.
a malincuore accettai la condanna di ascoltare per radio la partita più importante della stagione. quando, dopo un quarto d ora, la Torres segnò, pensai che se fossi stato allo stadio non avrei smesso di incitare i ragazzi. e così feci, metaforicamente parlando, s intende, in quanto un tracheostomizzato non si può permettere il benchè minimo suono. il pareggio avvenne tre minuti dopo, ma furono tre eternità. quel poco che successe sino al novantesimo, non è neppure degno di essere menzionato. eravamo in C unica ! mi immaginavo i cortei biancorossi, le trombette da barca, i bandieroni svolazzanti, piazza Cavallotti gremita di gente di ogni età, razza, sesso, perchè la passione sportiva non conosce limiti di sorta... come la malattia, purtroppo. tutti uguali sotto la stessa egida.
p.s. per chi fosse interessato a leggere ulteriori aneddoti sulla mia esistenza, ecco il link del mio blog: marcosguaitzer.blogspot.it . inoltre, a breve, sarà pubblicato un libro contenente tutti i pezzi reperibili sul blog, commenti agli stessi, e pezzi assolutamente inediti.
venerdì 28 marzo 2014
Esperas.
La vida de un ser humano que depende, como yo, de otras personas puede ser definida tranquilamente como basada en la espera.
Ustedes normales (no es que nosotros nos sentimos anormales, es el estado que nada hace para considerarnos así), podéis decidir cómo gestionar vuestro tiempo, organizar vuestra jornada según los compromisos, personales y profesionales, comidas de trabajo, cenas y viajes con la familia y los amigos. Muchas veces os escucho decir que el tiempo no es suficiente, casi parece que no lo gestionáis vosotros… mah.
He tenido (me parece que ha pasado un siglo mientras “solo” son cinco años) la suerte de haber sido un ser normal por una mitad de la Vida. Sí, mitad, como un partido de futbol, dividido en dos tiempos. Eso, estoy en los vestuarios, como dice el buen Caressa, porque el árbitro, el Sr ELA de “dondequiera”, me ha enviado a tomar un té caliente.
Espero mucho que mi entrenador, un tal Sr Dios, que me entrena desde solo un par de años, pero me resulta totalmente seguro y fiable, no me sustituya y que me haga volver para hacer el segundo tiempo, también solo por diez minutitos….
Por cada insignificante detalle que vosotros normales os cuesta hacer, también pensar, nosotros tenemos que pedir ayuda. El famoso pelo encima de la nariz que tampoco mastercard consigue que se quite y es solo uno de los ejemplos de lo que puede pasar a nosotros. Una simple picazón es un drama. Teniendo en cuenta la excesiva sensibilidad de la dermis, el caer de una lágrima se puede comparar con los pasitos de una mosca encima del rostro. Y no es muy agradable. Pobres vaquitas…
Si solo fueran las lagrimas el problema… nos tienen que ayudar también por tonterías como meter las manos encima de las piernas en lugar de tenerlas al lado del cuerpo…os aseguro que los codos huesudos siempre apoyados encima de la cama, aunque sea blando el colchón, duelen.
Por cierto, esto me recuerda el lenguaje codificado que utilizo con Aiste. Manos arribas, manos abajo, que después por la dificultad de llegar a las esquinas de la pantalla de este bendito ordenador se convierte en algo como “manosarr” y “manabaj”.
Ni siquiera un equipo con Mata Hari, Sherlock Holmes, Columbo y Maigret sería capaz de descifrar los códigos.
Las esperas marcan nuestra vida cotidiana. Las podemos rechazar, como lo hizo el rebaño con Jonathan (por cierto, ¿cuántos de ustedes han leído este libro maravilloso levanten la mano...hmmm, veo manos de gente de mi misma edad… muy mal, si yo tuviera un hijo sería el tercer libro que le haría leer, abre la mente) pero nuestra vida sería entonces llena de tragedias inútiles o aceptarlas para que sean la parte más bonita del día.
Puede ser que sea retórico, repetitivo, pero creo que afrontar los acontecimientos, sean lo que sean, con una sonrisa, los harían más aceptables. Estas son pequeñez. Las esperas verdaderas son otras. La espera de una investigación médica limpia, honesta, libre de intereses políticos, económicos, de la influencia por los grupos de presión.
Porque también nosotros merecemos una esperanza solida, que se llame Stamina o Búscatela, no tiene ninguna importancia. Pero más que una espera es una utopía. Entonces rezamos a Dios para que nos de la Fe.
Para esperar nuestro destino con serenidad, con alegría. Despertarnos cada mañana agradeciendo a alguien allá arriba, cada uno el suyo.
Y si un día me despertara con mis pies rectos y no cruzados como ahora y si no tuviera mas estos espasmos musculares como “ser más duro que un bacalao” y si mi pensamiento pudiera salir de la boca en lugar de “los ojos lindos” y si por fin me despertara rodeado de silencio en lugar de este bombeo rítmico y si me saliera natural poner los pies en el suelo y caminar hacia el baño para lavarme los dientes hacerme la ducha y pensar lo que tengo que hacer durante el día y si luego me visto allá arriba en mi armario que no veo hace cinco años y bajando la escalera por fin encuentro a Aiste con sonrisas por no tener que planificar mi jornada sino la suya con el desayuno listo y saliendo de casa para ir al trabajo de mi amigo Andrea le doy un beso delante de la puerta y le digo “nos vemos esta noche bebe” y si condujera el coche que no conduzco hace cinco años y si……
Me siento mucho como Jack Kerouac, alias Simone Martini, escribiendo mucho sin puntuación…. Os parece que estoy pidiendo demasiado por querer ser normal otra vez?
Lo que estáis leyendo arriba es o no es lo que hacéis cada mañana (aparte besar Aiste, obvio…)?
En español, un idioma que me encanta, esperar tiene doble significado: quedarse a la espera de algo o esperar que algo ocurra.
Me pregunto porque me gusta tanto este idioma…
Ustedes normales (no es que nosotros nos sentimos anormales, es el estado que nada hace para considerarnos así), podéis decidir cómo gestionar vuestro tiempo, organizar vuestra jornada según los compromisos, personales y profesionales, comidas de trabajo, cenas y viajes con la familia y los amigos. Muchas veces os escucho decir que el tiempo no es suficiente, casi parece que no lo gestionáis vosotros… mah.
He tenido (me parece que ha pasado un siglo mientras “solo” son cinco años) la suerte de haber sido un ser normal por una mitad de la Vida. Sí, mitad, como un partido de futbol, dividido en dos tiempos. Eso, estoy en los vestuarios, como dice el buen Caressa, porque el árbitro, el Sr ELA de “dondequiera”, me ha enviado a tomar un té caliente.
Espero mucho que mi entrenador, un tal Sr Dios, que me entrena desde solo un par de años, pero me resulta totalmente seguro y fiable, no me sustituya y que me haga volver para hacer el segundo tiempo, también solo por diez minutitos….
Por cada insignificante detalle que vosotros normales os cuesta hacer, también pensar, nosotros tenemos que pedir ayuda. El famoso pelo encima de la nariz que tampoco mastercard consigue que se quite y es solo uno de los ejemplos de lo que puede pasar a nosotros. Una simple picazón es un drama. Teniendo en cuenta la excesiva sensibilidad de la dermis, el caer de una lágrima se puede comparar con los pasitos de una mosca encima del rostro. Y no es muy agradable. Pobres vaquitas…
Si solo fueran las lagrimas el problema… nos tienen que ayudar también por tonterías como meter las manos encima de las piernas en lugar de tenerlas al lado del cuerpo…os aseguro que los codos huesudos siempre apoyados encima de la cama, aunque sea blando el colchón, duelen.
Por cierto, esto me recuerda el lenguaje codificado que utilizo con Aiste. Manos arribas, manos abajo, que después por la dificultad de llegar a las esquinas de la pantalla de este bendito ordenador se convierte en algo como “manosarr” y “manabaj”.
Ni siquiera un equipo con Mata Hari, Sherlock Holmes, Columbo y Maigret sería capaz de descifrar los códigos.
Las esperas marcan nuestra vida cotidiana. Las podemos rechazar, como lo hizo el rebaño con Jonathan (por cierto, ¿cuántos de ustedes han leído este libro maravilloso levanten la mano...hmmm, veo manos de gente de mi misma edad… muy mal, si yo tuviera un hijo sería el tercer libro que le haría leer, abre la mente) pero nuestra vida sería entonces llena de tragedias inútiles o aceptarlas para que sean la parte más bonita del día.
Puede ser que sea retórico, repetitivo, pero creo que afrontar los acontecimientos, sean lo que sean, con una sonrisa, los harían más aceptables. Estas son pequeñez. Las esperas verdaderas son otras. La espera de una investigación médica limpia, honesta, libre de intereses políticos, económicos, de la influencia por los grupos de presión.
Porque también nosotros merecemos una esperanza solida, que se llame Stamina o Búscatela, no tiene ninguna importancia. Pero más que una espera es una utopía. Entonces rezamos a Dios para que nos de la Fe.
Para esperar nuestro destino con serenidad, con alegría. Despertarnos cada mañana agradeciendo a alguien allá arriba, cada uno el suyo.
Y si un día me despertara con mis pies rectos y no cruzados como ahora y si no tuviera mas estos espasmos musculares como “ser más duro que un bacalao” y si mi pensamiento pudiera salir de la boca en lugar de “los ojos lindos” y si por fin me despertara rodeado de silencio en lugar de este bombeo rítmico y si me saliera natural poner los pies en el suelo y caminar hacia el baño para lavarme los dientes hacerme la ducha y pensar lo que tengo que hacer durante el día y si luego me visto allá arriba en mi armario que no veo hace cinco años y bajando la escalera por fin encuentro a Aiste con sonrisas por no tener que planificar mi jornada sino la suya con el desayuno listo y saliendo de casa para ir al trabajo de mi amigo Andrea le doy un beso delante de la puerta y le digo “nos vemos esta noche bebe” y si condujera el coche que no conduzco hace cinco años y si……
Me siento mucho como Jack Kerouac, alias Simone Martini, escribiendo mucho sin puntuación…. Os parece que estoy pidiendo demasiado por querer ser normal otra vez?
Lo que estáis leyendo arriba es o no es lo que hacéis cada mañana (aparte besar Aiste, obvio…)?
En español, un idioma que me encanta, esperar tiene doble significado: quedarse a la espera de algo o esperar que algo ocurra.
Me pregunto porque me gusta tanto este idioma…
giovedì 27 marzo 2014
Waiting.
The life of a human being who, like me, relies on other people, can be defined as being based on waiting. You normal people (it’s not that we don’t feel «normal», it’s the government that doesn’t want to consider us normal) can decide how to manage your time, how to organize your day based on personal or professional engagements, business lunches, dinners and travels with family and friends. You often tell me that time is never enough for you, as if you weren’t the one managing it… whatever.
I’ve been lucky enough – it seems like a century went by, but it’s been «only» 5 years – to be normal for half a Life. Yes, a half, like the first half of a soccer match. Now I’m in the locker room, like the good Caressa says, because the referee, Mr ALS from Wherever, sent me to drink some hot tea.
I really hope my coach, a certain God who’s been training me for just a couple of years, but seems to be a totally reliable guy, won’t send me out for good but will call me in again in the second half of the game, at least for 10 minutes.
For every insignificant thing you normal people can’t even fathom, we need to ask for help. The famous hair on the nose that not even Mastercard can push away is just one example of what happens to us. A simple itch becomes a melodrama. Considering my hyper sensitive skin, even a rolling tear seems like a fly walking on my face. It’s really uncomfortable, believe me. Poor cows…
And the tears aren’t the only problem. We need help to do stupid things like resting our arms upon the thighs instead of on the sides. I swear: skinny elbows, even if they rest on a soft bed, can hurt. By the way, this reminds me of the coded language I use with Aiste: hands up, hands down, which becomes even more complicated when I can’t reach the letters at the far end of the keyboard, something like «hassup hassdpwn». Not even a team counting Mata Hari, Sherlock Holmes, Columbo and Maigret would be able to crack the code.
Our days are made of waiting. We can refuse them, as did the flock with Jonathan (by the way, how many of you read this wonderful book? Hmmm… I only see the hands of people my age. Too bad: if I had a child, this would be the third book I’d made him read because it opens the mind), but our life would then be full of useless
tragedies.
Or else we can accept them, make them a happy part of the day. I might sound rhetoric, repeating myself, but I believe that facing events, whatever they are, with a smile, would make them more acceptable.
Anyway, these are the small things. The big things I’m waiting for are others. I’m waiting for a honest medical research, free of lobbies’ influence, of political and economical interests, because we need a solid hope too, be it Stamina or Whatever Else, I don’t care. But this is not an expectation, it’s more of a utopia.
So then we pray God to have faith. To be able to face our fate with serenity, with joy. To wake up every morning thanking somebody up there, everybody choosing the divinity he prefers.
And if one day I woke up with my feet straight instead of crossed, if I didn’t have this muscular spasms that make me hard as stone, and if my thoughts could be expressed by voice instead of passing through my «beautiful eyes», if I could finally wake up surrounded by silence instead of this rhythmic pumping, if it was the most natural thing in the world for me to put my feet on the ground, walk to the bathroom to wash my teeth take a shower and think about the day to come and if I could go upstairs to get dressed in my closet that I haven’t seen in five years and then come back down to find Aiste smiling because she doesn’t have to plan my day but hers with breakfast ready and if I could go to work for my friend Andrea and I kissed her on the doorstep telling her «see ya tonight baby» and if I could drive the car that I haven’t driven in five years….
I feel a lot like Jack Kerouak, AKA Simone Martini, writing without punctuation…. Do you think I’m asking too much in asking to become normal again? What you just read isn’t what you do every morning (apart from kissing Aiste, of course)?
In Spanish, a language I love, to wait is «esperar», the same word used for «hope».
I wonder why I love so much este idioma.
I’ve been lucky enough – it seems like a century went by, but it’s been «only» 5 years – to be normal for half a Life. Yes, a half, like the first half of a soccer match. Now I’m in the locker room, like the good Caressa says, because the referee, Mr ALS from Wherever, sent me to drink some hot tea.
I really hope my coach, a certain God who’s been training me for just a couple of years, but seems to be a totally reliable guy, won’t send me out for good but will call me in again in the second half of the game, at least for 10 minutes.
For every insignificant thing you normal people can’t even fathom, we need to ask for help. The famous hair on the nose that not even Mastercard can push away is just one example of what happens to us. A simple itch becomes a melodrama. Considering my hyper sensitive skin, even a rolling tear seems like a fly walking on my face. It’s really uncomfortable, believe me. Poor cows…
And the tears aren’t the only problem. We need help to do stupid things like resting our arms upon the thighs instead of on the sides. I swear: skinny elbows, even if they rest on a soft bed, can hurt. By the way, this reminds me of the coded language I use with Aiste: hands up, hands down, which becomes even more complicated when I can’t reach the letters at the far end of the keyboard, something like «hassup hassdpwn». Not even a team counting Mata Hari, Sherlock Holmes, Columbo and Maigret would be able to crack the code.
Our days are made of waiting. We can refuse them, as did the flock with Jonathan (by the way, how many of you read this wonderful book? Hmmm… I only see the hands of people my age. Too bad: if I had a child, this would be the third book I’d made him read because it opens the mind), but our life would then be full of useless
tragedies.
Or else we can accept them, make them a happy part of the day. I might sound rhetoric, repeating myself, but I believe that facing events, whatever they are, with a smile, would make them more acceptable.
Anyway, these are the small things. The big things I’m waiting for are others. I’m waiting for a honest medical research, free of lobbies’ influence, of political and economical interests, because we need a solid hope too, be it Stamina or Whatever Else, I don’t care. But this is not an expectation, it’s more of a utopia.
So then we pray God to have faith. To be able to face our fate with serenity, with joy. To wake up every morning thanking somebody up there, everybody choosing the divinity he prefers.
And if one day I woke up with my feet straight instead of crossed, if I didn’t have this muscular spasms that make me hard as stone, and if my thoughts could be expressed by voice instead of passing through my «beautiful eyes», if I could finally wake up surrounded by silence instead of this rhythmic pumping, if it was the most natural thing in the world for me to put my feet on the ground, walk to the bathroom to wash my teeth take a shower and think about the day to come and if I could go upstairs to get dressed in my closet that I haven’t seen in five years and then come back down to find Aiste smiling because she doesn’t have to plan my day but hers with breakfast ready and if I could go to work for my friend Andrea and I kissed her on the doorstep telling her «see ya tonight baby» and if I could drive the car that I haven’t driven in five years….
I feel a lot like Jack Kerouak, AKA Simone Martini, writing without punctuation…. Do you think I’m asking too much in asking to become normal again? What you just read isn’t what you do every morning (apart from kissing Aiste, of course)?
In Spanish, a language I love, to wait is «esperar», the same word used for «hope».
I wonder why I love so much este idioma.
Attese.
Attese.
la vita di un essere umano dipendente, come me, da altre persone può essere
tranquillamente definita come un susseguirsi di attese.
voi normali (non che noi ci sentiamo "anormali", è lo stato che non fa nulla per considerarci
tali), potete decidere come gestire il vostro tempo, organizzare la giornata in base agli
impegni, personali o professionali, pranzi di lavoro, cene e viaggi con famiglia ed amici.
spesso vi sento dire quanto il tempo non sia sufficiente, quasi non foste voi stessi a
gestirlo... mah.
ho avuto, mi sembra passato un secolo mentre sono "solo" cinque anni, la fortuna di essere
un normale per una mezza Vita.
sì, mezza, come una partita di calcio, divisa in due tempi. ecco, io sono negli spogliatoi,
come dice il buon Caressa, perchè l arbitro, sig. SLA di Canicattì, mi ha mandato a bere un
tè caldo.
spero tanto che il mio allenatore, tale sig. Dio, che mi allena da solamente un paio d anni,
ma mi risulta totalmente sicuro ed affidabile, non mi sostituisca, e mi faccia rientrare per
disputare il secondo tempo, pure per dieci minuti scarsi...
per ogni più insignificante particolare che voi normali faticate anche solo a pensare, noi
dobbiamo chiedere aiuto. il famoso capello sul naso che manco mastercard riesce a
togliere è solo uno degli esempi di ciò che capita a noi.
un semplice prurito diviene un melodramma. considerando la iper sensibilizzazione dell
epidermide, lo scorrere di una lacrima è paragonabile allo sgambettare di una mosca sul
vostro viso.
e non è esattamente piacevole.
povere mucche...
fossero soltanto le lacrime il problema...
ci tocca farci aiutare per stupidate del tipo mettere le mani sulle gambe piuttosto che lungo
il corpo... e vi garantisco che i gomiti ossuti sempre appoggiati sul letto, per morbido che
possa essere, dolgono. in proposito, come tralasciare il linguaggio in codice che uso con
Aiste. mani su, mani giù, che poi divengono un complicato ed indecifrabile "manjsu e
manjgju", per la la difficoltà che rilevo ad arrivare negli angoli dello schermo di questo
benedetto pc... neppure un team costituito da Mata Hari, Sherlock Holmes, tenente Colombo
e commissario Maigret riuscirebbe nell impresa.
le attese costellano la nostra quotidianità. possiamo rejettarle, come lo stormo fece con
Jonathan (e quì vi voglio, quanti di voi hanno letto questo meraviglioso libro, alzino la
mano... hmmm, vedo mani soltanto coetanee... male, avessi un figlio sarebbe il terzo libro
che gli farei leggere, apre la mente), ma la nostra esistenza sarebbe tempestata da una
infinita serie di drammi inutili.
o accettarle, renderle parte gioiosa della giornata. forse risulterò retorico, ripetitivo, ma
credo che affrontare le situazioni, di qualsiasi tipo esse siano, con un sorriso, le stesse
sarebbero decisamente più accettabili.
queste sono le piccolezze. le attese vere sono altre, ben altre.
quelle di una ricerca medica pulita, priva di interessi lobbystici, politici, economici. perchè
anche noi meritiamo una speranza fondata, si chiami Stamina oppure Vattelapesca, poco
importa. ma questa, più che una attesa, è una utopia.
e allora preghiamo il Signore per avere la Fede.
per attendere il nostro fato con serenità, con gioia. svegliarci ogni mattina ringraziando
qualcuno, lassù, ognuno il proprio.
e se un giorno mi svegliassi con i miei piedoni dritti e non più incrociati come ora e se non
avessi questi spasmi muscolari del tipo "più duro di un baccalà" e se il mio pensiero
potesse uscire dalla bocca anzichè attraverso gli "occhi belli" e se finalmente mi svegliassi
circondato dal silenzio invece di questo ritmico stantuffo e se mi venisse naturale mettere i
piedi a terra e camminare verso il bagno per lavarmi i denti farmi una doccia e pensare al
da farsi quotidiano e se poi mi vestissi di sopra nella cabina armadio che non vedo da
cinque anni e scese le scale trovassi Aiste finalmente sorridente per non dover pianificare la
mia giornata ma la sua con la colazione pronta e uscendo per andare al lavoro dal mio
amico Andrea la baciassi sulla porta dicendole "ci vediamo stasera bebe" e se guidassi la
macchina che non guido da cinque anni e se...
mi sento molto Jack Kerouac, alias Simone Martini, scrivendo tanto senza punteggiatura...
vi sembra che stia chiedendo troppo a voler tornare un normale ?
quello che leggete sopra non è forse ciò che fate ogni mattina (a parte baciare Aiste, ovvio...) ?
in spagnolo, lingua che adoro, attendere si dice esperar. ma la medesima parola significa
anche sperare.
chissà perchè adoro este idioma..
la vita di un essere umano dipendente, come me, da altre persone può essere
tranquillamente definita come un susseguirsi di attese.
voi normali (non che noi ci sentiamo "anormali", è lo stato che non fa nulla per considerarci
tali), potete decidere come gestire il vostro tempo, organizzare la giornata in base agli
impegni, personali o professionali, pranzi di lavoro, cene e viaggi con famiglia ed amici.
spesso vi sento dire quanto il tempo non sia sufficiente, quasi non foste voi stessi a
gestirlo... mah.
ho avuto, mi sembra passato un secolo mentre sono "solo" cinque anni, la fortuna di essere
un normale per una mezza Vita.
sì, mezza, come una partita di calcio, divisa in due tempi. ecco, io sono negli spogliatoi,
come dice il buon Caressa, perchè l arbitro, sig. SLA di Canicattì, mi ha mandato a bere un
tè caldo.
spero tanto che il mio allenatore, tale sig. Dio, che mi allena da solamente un paio d anni,
ma mi risulta totalmente sicuro ed affidabile, non mi sostituisca, e mi faccia rientrare per
disputare il secondo tempo, pure per dieci minuti scarsi...
per ogni più insignificante particolare che voi normali faticate anche solo a pensare, noi
dobbiamo chiedere aiuto. il famoso capello sul naso che manco mastercard riesce a
togliere è solo uno degli esempi di ciò che capita a noi.
un semplice prurito diviene un melodramma. considerando la iper sensibilizzazione dell
epidermide, lo scorrere di una lacrima è paragonabile allo sgambettare di una mosca sul
vostro viso.
e non è esattamente piacevole.
povere mucche...
fossero soltanto le lacrime il problema...
ci tocca farci aiutare per stupidate del tipo mettere le mani sulle gambe piuttosto che lungo
il corpo... e vi garantisco che i gomiti ossuti sempre appoggiati sul letto, per morbido che
possa essere, dolgono. in proposito, come tralasciare il linguaggio in codice che uso con
Aiste. mani su, mani giù, che poi divengono un complicato ed indecifrabile "manjsu e
manjgju", per la la difficoltà che rilevo ad arrivare negli angoli dello schermo di questo
benedetto pc... neppure un team costituito da Mata Hari, Sherlock Holmes, tenente Colombo
e commissario Maigret riuscirebbe nell impresa.
le attese costellano la nostra quotidianità. possiamo rejettarle, come lo stormo fece con
Jonathan (e quì vi voglio, quanti di voi hanno letto questo meraviglioso libro, alzino la
mano... hmmm, vedo mani soltanto coetanee... male, avessi un figlio sarebbe il terzo libro
che gli farei leggere, apre la mente), ma la nostra esistenza sarebbe tempestata da una
infinita serie di drammi inutili.
o accettarle, renderle parte gioiosa della giornata. forse risulterò retorico, ripetitivo, ma
credo che affrontare le situazioni, di qualsiasi tipo esse siano, con un sorriso, le stesse
sarebbero decisamente più accettabili.
queste sono le piccolezze. le attese vere sono altre, ben altre.
quelle di una ricerca medica pulita, priva di interessi lobbystici, politici, economici. perchè
anche noi meritiamo una speranza fondata, si chiami Stamina oppure Vattelapesca, poco
importa. ma questa, più che una attesa, è una utopia.
e allora preghiamo il Signore per avere la Fede.
per attendere il nostro fato con serenità, con gioia. svegliarci ogni mattina ringraziando
qualcuno, lassù, ognuno il proprio.
e se un giorno mi svegliassi con i miei piedoni dritti e non più incrociati come ora e se non
avessi questi spasmi muscolari del tipo "più duro di un baccalà" e se il mio pensiero
potesse uscire dalla bocca anzichè attraverso gli "occhi belli" e se finalmente mi svegliassi
circondato dal silenzio invece di questo ritmico stantuffo e se mi venisse naturale mettere i
piedi a terra e camminare verso il bagno per lavarmi i denti farmi una doccia e pensare al
da farsi quotidiano e se poi mi vestissi di sopra nella cabina armadio che non vedo da
cinque anni e scese le scale trovassi Aiste finalmente sorridente per non dover pianificare la
mia giornata ma la sua con la colazione pronta e uscendo per andare al lavoro dal mio
amico Andrea la baciassi sulla porta dicendole "ci vediamo stasera bebe" e se guidassi la
macchina che non guido da cinque anni e se...
mi sento molto Jack Kerouac, alias Simone Martini, scrivendo tanto senza punteggiatura...
vi sembra che stia chiedendo troppo a voler tornare un normale ?
quello che leggete sopra non è forse ciò che fate ogni mattina (a parte baciare Aiste, ovvio...) ?
in spagnolo, lingua che adoro, attendere si dice esperar. ma la medesima parola significa
anche sperare.
chissà perchè adoro este idioma..
giovedì 20 marzo 2014
Sonrisas.
Porque consigo sonreír a pesar de mi situación?
Deje de preguntármelo hace más de un año, cuando supe de haber llegado al cruce entre la Vida / Final, decidí continuar la lucha desigual.
Llegamos al Hospital a las cinco de la tarde, como en las mejores novelas del genio Garcia Márquez. A las ocho ya me habían preparado el quirófano. Había esperado demasiado.
Nadie me dijo nada, pero entendí por las miradas de los médicos que la situación no era muy buena.
En práctica ya no respiraba. Mi sangre ya no tenía oxigeno, estaba al límite.
Desde hace muchos meses había empezado hablar con dificultad, si hablar podía ser definido como el susurro pretencioso que solo Aiste podía distinguir. En el sentido que la respiración entre las palabras había llegado a uno.
Para que se den cuenta que no es necesario ser un graduado en ingeniería, contad cada cuanta palabra tomáis aire.
Al inicio de la enfermedad hice un examen en una bonita localidad en las colinas de Mantua. La escuela primaria, por la tarde, fue utilizada como “clínica” por la doctora que la seguridad social me había indicado. Entre delantales, juguetes y oler el refectorio, el propósito de la visita consistió, esencialmente, en el examen del que antes hablaba. Me parece de recordar que el nivel “normal” de palabras / respiración es igual a 12/15.
Yo llegaba apenas a ocho.
Uno significa el final de la Vida.
Os preguntareis: porque sonreír es el título que este post, si hasta ahora de sonrisas hay muy pocas. Más bien, el argumento parece un poquito duro. Finalizada la operación y la respectiva anestesia, volví en mi habitación del hospital, en la cual pase, sin saberlo, un par de meses. Enseguida que llegue a la habitación, por primera cosa pedí a Aiste un comunicador, para disparar, como el mejor Fantozzi, “una tontería alucinante”. Eran meses que no bromeaba, me costaba mucho, físicamente pero sobretodo mentalmente. Para quien me conoce, un Marco sin el deseo de bromear es, como comente en unos de mis primeros post, como un mar sin las olas, un bosque sin árboles.
A Aiste le saltaban las lágrimas.
Aprendí que la Vida hace, con el tiempo, la gente alegre y paciente. Si no lo sois ya desde siempre, como yo. La enfermedad suma conciencia, aceptación y la inconsciencia. Esta última es la más grande aliada de mis sonrisas cotidianas. Porque, sinceramente, solo una dosis exagerada de locura e inconsciencia puede generar aunque solo una sonrisa en una anima que muy lentamente cuanto inexorablemente, se ve quitar en práctica uno de los pocos placeres que todavía ofrece esta existencia.
Al mismo tiempo, conocimiento y la aceptación son el motor de búsqueda del instinto innato de supervivencia. Empiezas a apreciar las pequeñas grandes cosas de la Vida. Los matices que pasan desapercibidos en nuestra agitada vida diaria.
Y sonríes.
Sonríes porque te despiertas, y es un día mas regalado por Dios. Sonríes por la seguridad que alguien te quiere y por las ganas de hacerlo para los demás. Por escuchar los pajaritos cantar. Sonríes porque, igualmente, piensas, te expresas, comunicas al mundo entero que también hoy existes y te tendrán que aguantar. Sonríes por….
Eso, me gustaría que cada uno de ustedes tomara un minuto de su tiempo para completar, a su manera, esta simple pero muy complicada frase. Pensarlo o escribir aquí abajo, como un comento al post.
Cada uno de nosotros se puede descubrir un poeta insospechado, descontados pragmático, romántico incurable. Pero estoy seguro que cada uno de nosotros encontrara la mejor manera de sonreír.
Os parece poco?
PD Bienvenido a Aquiles! (no estoy de acuerdo con esta elección en absoluto...)
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